Miércoles, 13 Noviembre 2013 08:46

Lo que dijo Steven Spielberg tras rodar “E.T. El extraterrestre”

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En sus primeras declaraciones después del rodaje, Steven Spielberg señaló lo siguiente: “Mi película es una fantasía contemporánea de ciencia-ficción. Trata sobre los valores humanos, de la comprensión que la gente tiene entre sí. Y sobre todo, de la compasión y el amor. Los dos protagonistas, E.T. y Elliott, comparten entre sí tanto de lo que cada uno conoce sobre sus propios ambientes que llegan a tener una gran intuición de sus problemas mutuos”.

“Elliott –sigue diciéndonos– comprende que E.T. está solo y tiene que regresar a su casa para sobrevivir, y que él tiene que salvar su vida. E.T., por su parte, percibe que Elliott es víctima de un hogar donde los padres están separados. Su padre está en México con otra mujer, y su madre está tratando de reponerse del trauma de la separación. Dentro de un hogar suburbano norteamericano, Elliott es un niño abandonado. Y no hay que olvidar que todas las estadísticas hecha en el mundo demuestran que la mayor parte de la población no vive en las grandes ciudades, sino que residen en los suburbios que le rodean”.

{jb_quoteleft}"La nave espacial ha dejado a una de esas criaturas abandonada, y la están buscando. Nunca soy demasiado claro sobre quiénes son esas personas"{/jb_quoteleft}“La mayor amenaza para E.T. es el hecho de que quizás no pueda vivir durante demasiado tiempo en nuestro medio terrícola. Peligra por nuestra atmósfera, por el aire, la biología, la química, el “ten-cuidado-con-el-agua”, por lo que sea. Sin un traje espacial es muy difícil para esta criatura sobrevivir indefinidamente en nuestro planeta sin periodos de renovación y alguna especie de descompresión. Y por ello, la verdadera amenaza en nuestra película, será su salud y su deseo de regresar a casa”.

Pero existe otra amenaza soterrada que se agrega a la historia “Y –afirma Spielberg– le da un “tempo” real a la película. Y es que hay gente que sabe que la nave espacial ha dejado a una de esas criaturas abandonada, y la están buscando. Nunca soy demasiado claro sobre quiénes son esas personas. Solo muestro que son un grupo y están muy preocupados en encontrarlo, buscando cada pista que les lleve hasta E.T.”.

“Y esa búsqueda es la que le da ritmo a la película. Esencialmente le pone un metrónomo que se mueve más y más rápido hasta el clímax final. He querido que el espectador sienta ese apabullante peligro que amenaza con dejar al descubierto su escondite: la casa de Elliott. De hecho, se descubre dónde está viviendo y se le separa de los niños que han llegado a quererle tanto”.

“Elliott es un niño normal y corriente que está creciendo entre cuatro paredes, entreteniéndose con juguetes modernos. Vive una etapa en que todo lo que le rodea comienza a aburrirle. Ve mucha televisión, no lee, comienza a fijarse en las chicas mayores que él, y también empieza a tener esas sensaciones como las que yo tenía a mis 10 u 11 años. Pero  Elliott no me representa a mí –asegura–, aunque está muy cerca de mis propias experiencias, pues yo también crecí en unos suburbios”.

Por lo que respecta a su película, el cineasta confiesa que “Representa un fuerte distanciamiento de estilo respecto a mis películas anteriores. Es diferente a “Tiburón” (1975), a “Encuentros en la tercera fase” (1977) o, incluso, a “En busca del Arca perdida” (1981). Es un trabajo muy personal y el más cercana a mi corazón de cuantos haya hecho antes, con la posible excepción de “Encuentros en la tercera fase”.

“Una de las diferencias tiene que ver con la renuncia a los “storyboards”. Y eso que siempre he trabajado con ellos para rodar mis películas. No puedo recordar una época, excepto cuando filmaba pequeñas historias en 16 mm., en mis tiempos de estudiante, en las que yo no dibujara todas las escenas de antemano”.

“De hecho, cuando iba a comenzar “E.T. El extraterrestre”, dibujé un 40 por ciento de la película en papel, pero me di cuenta que estaba atado de pies y manos. Así que, por esta vez, decidí arriesgarme y utilicé el guión de Melissa Mathison como el mejor “storyboards” para rodarla. Y a partir de él, ir asumiendo las ideas que me fueran surgiendo al armar una escena o simplemente con mirar al plató”.

{jb_quoteleft}No puedo recordar una época, excepto cuando filmaba pequeñas historias en 16 mm., en mis tiempos de estudiante, en las que yo no dibujara todas las escenas de antemano{/jb_quoteleft}“Yo, cuando ruedo, siempre estoy pensando en la quinta toma que tengo por delante, pero en “E.T. El extraterrestre” solo podía pensar en la toma siguiente. No lo lamento, ha sido lo mejor para la película, pues así he conseguido darle más emoción y espontaneidad”.

Spielberg se plateó a priori lo que podría suceder tras ser abandonada una criatura de otro planeta en la Tierra. “Tenía muy clara la imagen –asegura– de mostrarlo caminando solitario y asustado. En realidad, lo que yo quería era hacer una película sobre ese pequeño ser al que su gente abandona a su suerte en nuestro planeta”.

La otra parte que suponía un riesgo para la película era no encontrar al Elliott adecuado para el personaje que se enfrenta y se hace amigo de E.T. “Siempre me ha gustado –nos dice– encontrar un rostro poco familiar para mis personajes y que poseyera un talento inesperado, sorprendiendo así al público. Elliott se halla en esa circunstancia. Me decidí por un desconocido Henry Thomas, nativo de Texas, al que solo se le había visto en un pequeño papel como hijo de Sissy Spacek en la película de Jack Fisk “El mendigo” (1981).

Luego eligió a la nieta de John Barrymore, Drew, que por entonces tenía 6 años, para dar vida a Gertie. “La pequeña Drew interpreta otro personaje fundamental en mi película, como lo interpreta también Robert MacNaughton, que encarna al hermano mayor de Elliott, Michael”.

“Me encanta trabajar con niños –afirma–. Son más conscientes de sus papeles y, en muchos aspectos, más espontáneos que los adultos porque aun no han aprendido a censurarse cosas. No han llegado a la edad en la que se sabe que no está bien decir algo porque es socialmente rechazable. Así que dicen lo primero que les pasa por la mente. Su falta de inhibiciones ayuda a mejorar la película. Si puedo registra esa espontaneidad a la primera toma, todos esos felices errores van a confluir en que surja una película mucho más espontánea”.

Sin embargo, trabajar con niños tiene sus problemas, como que las leyes estatales regulan sus horas de trabajo por día. “Cuando los actores adolescentes tienen también un peso muy importante en una película, el planificar con ellos el rodaje resulta más difícil. Solo podemos usar a los niños enfrente de las cámaras cuatro horas por día, y lo habitual es que estemos en el plató durante ocho. Así que acorta mucho el tiempo de rodaje”. Pero eso no le importa a Spielberg, porque “La magia que aportan los niños a las películas es increíble. Si les das su libertad, si dejas que aporten su imaginación en hacer ciertas cosas, el resultado es fantástico”.

“Con un actor joven –sigue diciéndonos– es mucho mejor ser directo y decirle sin rodeos lo que quieres y por qué lo quieres. También es más difícil conseguir esa motivación con un cierto tipo de actor adulto que ha tenido una clase de experiencia distinta. Eso pasa mucho en el teatro, o mejor dicho, en el teatro de improvisaciones, en el que dicho actor necesita conocer la historia de su personaje antes de asumir una actitud para interpretarlo a su entera satisfacción”.

{jb_quoteleft}Nunca hay que hablar a los niños menospreciándolos. En el momento en que uno los comienza a disminuir, fracasamos.{/jb_quoteleft}“Sin embargo, cuando comienzas a hablarle de motivaciones a un niño, quiere acabar cuanto antes su papel, se inquieta, comienza a mirarse los pies, se pone a caminar en círculos… Sí, te escucha, pero solo está oyendo las cosas importantes que piensa que tú quieres que escuche respecto a la escena que debe representar”.

A juicio de este cineasta, que tiene numerosos ejemplos de actuaciones infantiles en sus películas, “A un niño es mucho más fácil decirle: Esto es lo que quiero que hagas. Luego me siento con él y le explico por qué. Como conocen la historia lo suficientemente bien, me pueden explicar mejor a mí cómo tendrían que actuar en una escena que yo a ellos. Me ha pasado más de una vez, sobre todo con Henry Thomas”.

Spielberg dirige a sus actores adolescentes teniendo en su mente una regla: “Nunca hay que hablar a los niños menospreciándolos. En el momento en que uno los comienza a disminuir, fracasamos. Quien actúa así no se da cuenta de los gigantescos cambios que se han producido en esta generación de adolescentes comparada, digamos, con mi generación o la de mis padres. Hay una diferencia como de la noche al día. Ahora, los niños son mucho más despiertos a los 10 años de lo que yo pueda haberlo sido a los 16. Y eso –concluye Spielberg sus reflexiones sobre “E.T. El extraterrestre”– sí es un adelanto”.