Lunes, 01 Septiembre 2014 11:20

Se inicia una Campaña de Navidad incierta y a la espera de que se apruebe la LPI

Valora este artículo
(0 votos)

Todos los empleados de las compañías videográfica han regresado de vacaciones. A la vista tienen tres meses –octubre, noviembre y parte de diciembre– de intenso trabajo para colocar y vender todos los largometrajes y series que aún no se han estrenado en nuestro mercado. Lo mejor vendrá para las fechas navideñas.

Pero todas las distribuidoras son conscientes de que cuando lleguen con su producto físico a las estanterías de los videoclubs y grandes superficies, así como a las webs legales que distribuyen en online, las webs piratas ya habrán emitido todas esas películas de manera ilegal. Y los consumidores que las utilizan (cada vez más, según los últimos estudios de mercado) pasarán de alquilarlo o comprarlo.

En estos momentos se inicia también el año político, que a tenor de los problemas que abruman al país va a ser movidito. ¿Hasta qué punto van a influir negativamente en que sus señorías aborden con cordura y eficacia la Ley de Propiedad Intelectual, vital para que las industrias del cine, del libro, de la música o del videojuego puedan prosperar y, en algún caso, hasta no desaparecer?

En estos momentos, el Senado aborda el texto que el Congreso envió a finales de julio, poco antes de que nuestras Cortes cerraran por vacaciones. Un texto, como ya hemos afirmado, muy malo para los intereses de la industria audiovisual. En palabras del Secretario General de FAP: “Esta Ley no sirve para la destrucción de la piratería; al contrario, deja las manos libres a las webs piratas”.



¿Qué pasará entonces? Los senadores del Partido Popular tienen la oportunidad de enmendar el desatino de sus compañeros diputados al votar un texto que no protege a la industria legal de la piratería. Máxime cuando los diputados del PSOE y CIU ofrecieron al texto del gobierno en el Congreso las enmiendas necesarias para consensuarlo, texto que por lo demás no hacía sino recoger las recomendaciones dadas hace cuatro meses por el Consejo de Estado.

Por lo tanto, estamos a la espera de que los senadores aprueben la ley que la industria desea, y que no tiene otro objetivo que el de devolver a nuestra industria su espacio empresarial (ahora usurpado por las webs piratas). Con ello, crecerá el negocio legal y, paralelamente, aumentarán las contrataciones de empleados y se expandirán nuevos negocios para los distribuidores de cine, de libros, de videojuegos y de música.

De ser rectificada la LPI en este sentido beneficioso para la industria audiovisual, volvería a la Cámara de Diputados, donde sería aprobada definitivamente probablemente en octubre. Como decíamos al principio, siempre que sus señorías no se atasquen con los otros problemas del país y nos dejen tirados, como ha ocurrido tantas otras veces (con este y anteriores gobiernos). Hay que darles un margen de confianza.

De ellos dependerá que la campaña navideña vuelva a ser una pugna de competencia con otros negocios legales que también quieren vender sus mercancías al consumidor en esas fechas. Y no –como viene siendo habitual desde 2005– una lucha desigual con quienes roban los productos audiovisuales y los colocan gratis en la red. Hasta ahora, con el consentimiento de sus señorías.