Miércoles, 22 Julio 2015 09:22

¿Robaron la cabeza de Murnau para inducir a ritos satánicos?

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Entre el 4 y el 12 de julio pasado –la policía no sabe la fecha exacta–, fue robada de su tumba, en el cementerio de Stahnsdorf (Alemania), a unos 19 kilómetros a las afueras de Berlín, la cabeza del cineasta Friedrich Wilhelm Murnau, director de la primera gran película sobre Drácula, a la que tituló “Nosferatu”, estrenada en 1922. Las autoridades creen que el robo tiene que ver con ritos satánicos, ya que el cineasta alemán, nacido el 28 de diciembre de 1888 en la localidad alemana de Bielefeld, fue un seguidor de logias y personajes relacionados con ellos. F. W. Murnau realizó algunas de las películas mas emblemáticas de la Republica de Weimar. Títulos como “Nosferatu” (1922), “El último” (1924) o “Fausto” (1926) han pasado a la Historia del Cine como hitos artísticos y técnicos. En Hollywood realizó otra obra maestra: “Amanecer” (1927), y la muerte le sobrevino con 42 años en un accidente de coche tras haber terminado “Tabú” (1931), rodada en los Mares del Sur (en el Océano Pacífico). Murnau llegó al cine un poco de rebote. Quería ser pintor pero no tenía mano para el dibujo y se convirtió en actor de teatro con el prestigioso director Max Reinhardt, un artista igualmente multifacético que estaba también muy interesado por el cine. En 1935 dirigiría “El sueño de una noche de verano”, película clave para la evolución de la entonces incipiente cinematografía sonora. Reinhardt tenía un extraordinario ojo para descubrir las posibilidades cinematográficas que los directores alemanes de su época no intuían en sí mismos. Amaba lo fantástico y los espectáculos visuales inspirados en imágenes tomadas de pinturas conocidas por el público. Estos espectáculos le dieron a Alemania un prestigio internacional, y Hollywood se fijó en esta cantera de jóvenes cineastas para llevárselos a Hollywood a trabajar en los estudios de las grandes productoras (a Max también, quien fue contratado por Warner Bros para filmar la película antes citada). Murnau fue uno de esos inmigrantes, aunque antes dio lo mejor de su genio como artista en Alemania, filmando las películas mencionadas anteriormente, considerando siempre a Reinhardt como su maestro. En el teatro, donde trabajó como director, Murnau comprendió que podía hacerse pintura en movimiento con los actores y el decorado y se esforzó por hacer un cine pictórico. En 1921 conoció a Albin Grau, un pintor ocultista que llegó a ser el Gran Maestre de la Logia “Fraternitas Saturni” de Berlín. Grau, precisamente, fue quien encargó a Murnau la dirección de “Nosferatu”, una película de vampiros con la que pretendía dar a conocer al gran público las ideas del ocultismo. “Nosferatu” fue promocionado entonces por Grau como un “Film erótico-oculto-metafísico”. Grau se retiró del cine tras producir “Sombras” de Arthur Robison (1923) –otro film ocultista–, para centrarse íntegramente en los trabajos de la Logia y en la publicación de la revista “Saturn Gnosis”, para la que escribió artículos e ilustraciones. Algunas de ellas eran complicados símbolos sobre el Antiguo Egipto, ya que era un seguidor del mago inglés Crowley, que se hacía llamar “La Gran Bestia 666” y que se consideraba el Anticristo. Para Crowley los 2000 años de intolerancia cristiana llegaban a su fin, y el cristianismo sería sustituido por una nueva búsqueda del conocimiento mas tolerante y moderna, inspirada en la del Antiguo Egipto. Motivado por estas ideas, Walter Spies, el pintor amante de Murnau, estudió los jeroglíficos egipcios y compuso un himno a Atón. Aunque Murnau se mantuvo un poco al margen, las ideas de Grau habían hecho mella en él. En “Fausto” jugó con el satanismo, centrándose en el personaje de Margarita, a la que mostraba como una nueva Virgen María perseguida por la intolerancia religiosa. A Fausto le mostraba imitando los gestos de Cristo, haciendo milagros de las imágenes de Rembrandt. Y cuando invocaba a Satán lo hacía con el gesto tradicional de Moisés y de Lucero, mostrando la Nueva Ley. Ya en Hollywood rodó “Amanecer”, un film simbólico con las mismas ideas de la película de Robinson-Grau “Sombras”: si el hombre se deja llevar por las pasiones, vagará en la oscuridad y por las sombras de la noche, de las que sólo saldrá, como en un nuevo amanecer, con la luz del conocimiento. Con la llegada del sonido, Murnau tuvo problemas con el productor William Fox y decidió abandonar Hollywood. Fue a ver a Robert Flaherty –al que admiraba como director de documentales– al rodaje de “Acoma” (1929, inconclusa), también producida por William Fox. Murnau sabía que Fox iba a cortar el rodaje de Flaherty, y le propuso montar juntos una productora para filmar películas en los Mares del Sur. Así surgió “Tabú”. Murnau era homosexual en una época en la que en Alemania serlo estaba penado con la cárcel. En sus películas denunció esta intolerancia de la hipócrita moral cristiana. Los protagonistas de muchas de sus películas eran parejas separadas por razones religiosas. Ése era también el tema de “Tabú”. Los indígenas de Tahití vivían oprimidos por sus creencias. Murnau escribió: “Es increíble que cuando los hombres encuentran un paraíso inventen una religión para transformarlo en un infierno”. En el mundo del ocultismo encontró gentes que luchaban contra esas injusticias y trataban de comprender la realidad y de establecer una conducta ética sin recurrir a la religión. ¿Será esa gente la que ha sacado su cabeza de la tumba para quién sabe con qué fines? (Parte del artículo ha sido construido con el trabajo que el cineasta, pintor e historiador Luciano Berriatúa escribió en AGR número 34, correspondiente al verano de 2007).