Lunes, 25 Agosto 2014 10:37

Richard Attenborough casi cumple 91 años

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Le faltaron cinco días. ¿Actor o director? ¿Por cuál de estos roles será recordado en el futuro el ciudadano inglés ahora fallecido? No es fácil encontrarse con un cineasta que tenga tantos papeles que hayan prestigiado su carrera: desde aquel asesino en serie de “El estrangulador de Rillington Place” (Richard Fleischer, 1971), pasando por multitud de soldados, aventureros y, sobre todo -para los públicos actuales- ese John Hammond millonario de “Parque Jurásico” (1993 y secuela, de Steven Spielberg).

Pero sí ahí quedan esas perlas -y otras como “Sangre, sudor y lágrimas” (Noel Coward y David Lean, 1942), “Cuando el viento silba” (Bryan Forbes, 1961), “La gran evasión” (John Sturges, 1963), “El código de los inmorales” (Basil Dearden, 1968) o “Brannigan” (Douglas Hickox, 1975), por referirnos a algunas de las que todavía proyectan las televisiones o se estrenan en vídeo, como director riza el rizo en lo referente a sus éxito de taquilla, algunos verdaderos bombazos, además de ser excelentes producciones artísticas.

Que se lo digan a “¡Oh, qué guerra tan bonita!” (la de su debut, en 1969), “Un puente lejano” (1977), “Gandhi” (1982), “Grita libertad” (1987), “Tierras de penumbra” (1993) o “En el amor y en la guerra” (1996). Son 6 de sus 12 largometrajes como director, faena que comenzó (con 45 años) cuando ya llevaba 51 títulos como actor, desde su debut en “Sangre, sudor y lágrimas” (hasta “Jack y las judías mágicas: la historia real”, su última interpretación, dirigida en 2001 por Brian Henson, actuaría en otras 25 películas más).

“Yo aprendí mucho mirando lo que hacían los directores que me dirigían”, nos dijo en una ocasión. ¿Por qué no dirigió más películas? Respuesta: “Me gusta más interpretar, es más fácil, menos cansado. Pero sobre todo, es más ventajoso desde el punto de vista económico, ya que me pagan por actuar. En cambio, rodar una película como director, al menos para mí que me implico en todas también como productor, es más arriesgado”.

En efecto, Richard Attenborough fue productor de casi todas sus películas como director. La mayoría, como decíamos, fueron grandes éxitos de taquilla, pero “Me costaron mucho esfuerzo físico, ya que fueron títulos de muchos meses de trabajo en la filmación y en la posproducción”. Incluso una película que se rodó prácticamente en un solo decorado como “Chorus Line” (1985), adaptación del éxito musical de Broadway, fue una pesadilla por la cantidad de planos, escenas y ensayos que necesitó para entramarla. Pero daría la vuelta al mundo, acercándonos la maravillosa música de Michael Bennett, James Kirkwood Jr. y Nicholas Dante.

Attenborough hunde sus raíces en el teatro, donde comenzó su carrera. Incluso la película de su debut, ¡Oh, qué guerra tan bonita!”, fue un éxito teatral en Londres que el cineasta inglés (nacido en Cambridge el 29 de agosto de 1923) adaptó de forma impecable. “Para mí, el teatro es fundamental y, sobre todo, el musical, donde me encuentro a mis anchas”.

Pero el cineasta fallecido no se conformó con llevar a la pantalla éxitos teatrales (con la música como fondo), sino que apostó por la biografía. En este terreno ha dejado para la posteridad tres vidas que hicieron historia: la de Winston Churchill (“El joven Winston”, 1972), la de Gandhi (ídem, 1982) y la de Charles Chaplin (“Chaplin”, 1992), sin olvidar las de Donald Woods, Steve Biko y la Doctora Ramphele, los principales personajes -desconocido por la gran historia- que interpretan respectivamente Kevin Kline, Denzel Washington y Josette Simon en “Grita libertad” (1987), donde Attenborough volvía a mostrar su rostro e ideas liberales y sociales en el tema del “apartheid”.

“Es odioso, inhumano”. Así nos definía el cineasta su opinión sobre el “apartheid”. En realidad, para sus películas buscaba guiones que dieran el máximo juego humano a sus personajes. Ahí tenemos el ejemplo de “Ghandi”, una producción atacada duramente desde posiciones conservadores, incluso desde antes de iniciarse el rodaje, ya que a juicio de muchos “Nadie querría ver una película basada en un hindú a quien Winston Churchill una vez llamó “El Fakir desnudo”. Hasta el “Daily Express” se explayó a sus anchas diciendo que “Era el proyecto de un loco”.

“Me gustan los personajes que antes de ser grandes, son criticados por todo el mundo, llamándoles locos, fanáticos o cosas peores -decía Attenborough-. No me gusta demasiado la ficción. Me gusta hacer películas sobre gente real que, en cierta manera, cambian el mundo que les rodea”. Y para ello no dudaba en esperar años para abordarlas. En una ocasión le preguntaron porque tardó tanto tiempo en filmar “Gandhi”. Y él contestó: “Para defender por encima de todo mis ideales. Si yo hubiera aceptado poner ciertos elementos en el guión o darle el papel de Gandhi a un americano, hubiera comenzado a rodarla hace años. Pero valió la pena esperar casi dos décadas solo para conseguir a Ben Kingsley”.

Gracias a esta cabezonería suya, “Ghandi” consiguió multitud de premios (los Oscar a la Mejor Película y al Mejor Director entre otros), a parte del más importante para seguir filmando películas como cineasta: el del éxito en la taquilla. Pero Attenborough era también actor, y como tal analizaba las interpretaciones de los actores que trabajaban en sus películas como director: “Cuando estoy detrás de la cámara -decía- me gusta pensar que estamos sirviendo a los actores. Los actores, desde mi punto de vista, son los instrumentos, lo demás está a su servicio, bien sea el sonido, la película, el maquillaje, el vestuario o los decorados”.

“No permito que se grite en el rodaje. No admito ni timbres, ni gritos, ni silbidos. Naturalmente, no me pongo de mal humor, ni discuto. Si hay alguien en desacuerdo se trata fuera del plató. Creo que si consigues el ambiente adecuado, infundes confianza a los actores; si los actores tienen confianza se relajan, y si se relajan se arriesgan, y si se arriesgan hacen cosas maravillosas”.

Él mismo predicó con el ejemplo e hizo cosas maravillosas como actor y director. Nunca dejaremos de agradecerle que se implicara también en películas como director. Muchas de ellas durarán siempre.