Martes, 09 Junio 2015 10:35

Todo Tati en Blu-ray

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Tati (Jacques) se le parecía a Buster Keaton. En lo serio. Aunque su contrato no le prohibía reír, como a éste. Tati era un cineasta serio y un actor que jamás sonreía. Si a Charlot se le recuerda por sus zapatones, el bastón y el bombín; a Cantinflas por sus pantalones caídos y su especie de chistera; y a Harold Lloyd por sus gafas de miope sin cristales; a Tati lo identificamos siempre por su sombrero (¿tirolés?), su pipa y, por supuesto, la gabardina y el paraguas (su bastón). Y porque anda casi siempre inclinado hacia adelante y a zancadas. Tati, además, apenas habla. Eso sí, gesticula, murmura, Y va de un lado para otro sin saber bien a donde ir.

“Desde Max Linder, el mejor cineasta cómico francés”. Lo dice nada menos que George Sadoul, el historiador. Y añade: “Estaba dotado de un profundo sentido de la observación, de los gags, del ambiente, de la poesía. En sus películas se habla poco, pero casi tan importante como las imágenes es la banda sonora, gracias al montaje de ruidos, músicas y conversaciones”. La música de sus películas es un prodigio. Pegadiza hasta la sangre. Por eso perdura y perdurará siempre. Se parece a la de Nino Rota. Pero es de Jean Yatove en “Día de fiesta” (1949), de Alain Romans en “Las vacaciones del señor Hulot” (1953), de Franck Barcellini, Alain Romans y Norbert Glanzberg en “Mi tío” (1958) de Francis Lemarque en “Playtime” (1967) y de Charles Dumont las de “Tráfico” (1971) y “Zafarrancho en el circo” (1974).



Todas son sublimes, pero las “Día de fiesta”, “Las vacaciones del señor Hulot” y “Mi tío” son puro ballet, que él, Tati, “trenza” en sus películas. El cine de Tati, cuando se estrenó en su tiempo, era adorado en Francia y en países mediterráneos como España e Italia, pues incorporaba muchos componentes de sus pueblos, de su naturaleza y de sus gentes. Pero el mundo ha cambiado desde entonces. ¡Y mucho! Ahora, el público que consume cine (no como antes que iba a verlo porque lo amaba), no reparará en muchas de sus “inocentadas”, de sus “gamberradas”, de sus “chiquilladas”. Su cine ha quedado para públicos inteligentes y sensibles. Pero creemos que en España existen todavía este tipo de públicos.

A ellos recomendamos esta colección soberbia del cine de Tati que saca A Contracorriente en Blu-ray. Es decir en imágenes de parecido contraste al celuloide que se exhibió durante su estreno en salas. Y esa es otra: ¡las imágenes de sus películas! Filmadas la mayoría al aire libre, en pueblos “vírgenes”, ingenuos y casi impolutos como Sainte-Sévère-sur-Indre, Argentan, Saint-Marc-sur-Mer, Créteil, Joinville-le-Pont o en el mismísimo París del encanto de los años cincuenta del pasado siglo.

Por todos esos lugares se pasea Monsieur Hulot, su personaje, al que ya hemos pintado, tratando de hacer algo útil, de ayudar a la gente (aunque no necesite ayuda), de jugar con los niños (sufriendo sus pesadas bromas pesadas a veces), de ser simpático con las jovencitas. Es una especie de Charlot sin rumbo fijo, pero sin esa muchacha de la que está enamorado y que casi nunca le corresponde. A Tati, en cambio, nunca lo vemos enamorado, aunque a veces suspira cuando una mujer –casi siempre frágil– se le cruza por la calle.

La sala cinematográfica en casa. Eso nos trajo el vídeo: poder hacer en nuestro salón visionados de obras individuales y filmografías completas, como la que A Contracorriente nos ofrece en esta caja que lleva, además, la imagen de Tati-Hulot que se ha hecho clásica y famosa en todo el mundo: la que diseñó René Peron para el cartel de “Día de fiesta”.  Una caja con 7 discos que incluye sus 6 largometrajes restaurados, todos sus cortometrajes, más de 6 horas de contenidos adicionales y un libreto de 56 páginas. La filmografía completa de un genio de la comedia reunida en las mejores condiciones.