Martes, 11 Febrero 2014 10:06

La taquilla de los Premios Goya de los últimos 10 años

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Según señaló en su discurso de presentación de los Premios Goya 2014 el Presidente de la Academia, Enrique González Macho, “Las películas nominadas demuestran que existe una tendencia hacia una polarización de nuestra producción, Por un lado están las “películas más industriales” y por otro las “películas artesanales, más militantes, de muy bajo presupuesto”. Y créanme –añadió–, hoy en día, hacer una película en nuestro país es un auténtico acto heroico”.

“¡Acto heroico!”, ¿Tanto para unas como para otras? Y una pregunta más que nos hacemos: ¿qué películas se encuentran en la primera y segunda tendencia de la que habla González Macho? ¿Tiene que ver en ello el presupuesto, la recaudación final, las dos cosas? ¿En qué lugar colocaríamos “Vivir es fácil con los ojos cerrados” de David Trueba, estrenada el 31 de octubre de 2013, y “Las brujas de Zugarramurdi” de Álex de la Iglesia, estrenada el 27 de septiembre de ese mismos año, teniendo en cuenta que la primera ha generado, hasta hoy, 11 de febrero, 686.984€ y la segunda 4.805.779€?



 

¿Acaso podemos pensar que el público decide también sobre lo que puede ser cine artesanal o industrial? ¿Con su asistencia a las salas (o mejor dicho, con su no asistencia) da fe a esas tendencias? Existen, sin embargo, una serie de eventualidades que pueden influir en un mayor o menor éxito de la película. Por ejemplo, las recaudaciones dependen también de la apuesta de márketing que se haga por ella, y del dinero que el productor/distribuidor se gaste en publicidad a la hora de su estreno.

También depende del tiempo que el exhibidor la aguante en cartelera. Éste exige al productor/distribuidor que se gaste el dinero en promocionar su título. Y ambos le preguntan al exhibidor durante cuánto tiempo va a mantener la película en su cine. ¿De qué sirve gastarse un euro de más si el exhibidor tiene previsto sacar, digamos, “Vivir es fácil con los ojos cerrados” a las dos semanas porque va entrar otra película más fuerte, con cuyo distribuidor ha contratado un mes de exhibición? Es la pescadilla que se muerde la cola.

La ridícula recaudación de la película de Trueba nos muestra la apuesta tan baja que hicieron tanto el productor como el distribuidor y el exhibidor de la hoy ganadora de los Premios Goya 2014. Algo parecido a lo que ya ocurriera con la triunfadora de los Goya 2011, “Pá Negre”. En este caso sirvió para que la baja taquilla obtenida por la película de Agustí Villaronga, se disparara hasta los 2.679.873,55€ que finalmente logró recaudar en salas. ¿Hasta dónde llegará la hermosa y excelente película de Trueba?

Lleva razón también el Presidente de la Academia al decir que aunque, “Desgraciadamente, el cine español ha tenido un fuerte descenso en su producción el año pasado, debido naturalmente a factores económicos, también, afortunadamente, no ha bajado su calidad, lo que demuestra que nuestro poder creativo siga íntegro aunque cada día que pasa tenga mayores dificultades para expresarse”.

El problema es que no hay solo que filmar películas de calidad, sino de rentabilidad en la taquilla. Una y otra cosa no deben estar reñidas. Al contrario, se tienen que complementar si el cine español o cualquier cine desea convertirse en industria. Qué duda cabe que los Goya sirven para empujar al nuestro hacia un mayor éxito de recaudación. Pero lo más deseable sería que ese éxito llegase antes, o que al menos la taquilla obtenida hasta ese momento, fuese lo suficientemente importante para no depender de dicho espaldarazo.

Veamos las taquillas de los últimos 10 años de los Premios Goya, aunque este periodo, a partir de 2008, está afectado por la  piratería, primero de los manteros y después por las descargas ilegales. Sin embargo, en este tiempo, “Lo imposible” de Juan Antonio Bayona, logró una taquilla 42.386.157,31€; mientras que “Grupo 7” de Alberto Rodríguez conseguía 2.420.456,15€, y “Blancanieves” de Pablo Berger llegaba a 1.326.062,59€. Fueron las tres ganadoras de los Goya del año pasado.

Desde 2004, las taquillas finales de los ganadores en los premios de la Academia de Cine –con la salvedad de los ya citados–, han variado entre los 682.116,03€  que logró “La soledad” (2007) de Jaime Rosales, hasta los 19.837.472,83€ de “Mar adentro”  (2004) de Alejandro Amenábar. Y entre ambos: “Celda 211” (2009) de Daniel Monzón, con 13.145.423,48€ “Volver” (2006) de Pedro Almodóvar (10.243.082,56€), “Te doy mis ojos” (2003) de Icíar Bollaín (5.021.082,70 €), “No habrá paz para los malvados” (2011) de Enrique Urbizu (4.453.826,87€), “La vida secreta de las palabras” (2005) de Isabel Coixet (3.517.099,77€) y “Camino” (2008) de Javier Fesser (1.771.204,69€).

Un simple razonamiento nos indica que la mayor parte de estas películas premiadas no alcanzaron la taquilla suficiente para cubrir gastos. Es cierto que todas ellas pasaron por el formato videográfico, algunas por el VOD y la mayoría por alguna de las televisiones que existen en nuestro país, pero no bastó para hacerlas rentables. Y así hablar de industria de cine español.

La rentabilidad en formatos de vídeo es imposible, una vez más debido a la piratería. Enrique González Macho lo reconoció en su discurso: “Los mercados de vídeo –denunció– están agonizando, y los emergentes procedentes de internet siguen sin tener ningún peso económico, tres años después de la famosa polémica de que el futuro era ya: pues el futuro no ha sido ya y, desgraciadamente, va a tardar bastante”. Ojalá se equivoque.