Viernes, 07 Febrero 2014 12:29

Adolfo Blanco nos habla de A Contracorriente y de cómo ve el negocio en 2014

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A Adolfo Blanco, Consejero Delegado de A Contracorriente, lo recordarán algún día, profesionalmente hablando, por distribuir en 2011 en España “Intocable”, la película de Olivier Nakache y Eric Toledano. Fue el éxito de ese año en España, con una recaudación récord en salas (16,5 millones de €). Como vulgarmente se dice, fue un pelotazo. Y aunque los pelotazos llegan casi siempre sin avisar, Blanco y A Contracorriente ya habían dado muestras anteriormente de su perspicacia y profesionalidad en su trayectoria empresarial, con películas que habían conectado con el público de cine y vídeo.

Para 2014 mostramos los últimos ejemplos de esa trayectoria,  películas a punto de estrenar o que lo harán a lo largo de 2014 y en las que nuestro entrevistado ha puesto grandes esperanzas. Y eso que las cosas no funcionan como todos quisiéramos, pues la piratería –una vez más debemos referirnos a ella– hace estragos en las recaudaciones. Y las películas de A Contracorriente no son una excepción.

“La piratería se solucionaría con voluntad política –comienza diciéndonos–, pero soy profundamente escéptico de que haya voluntad política de arreglarla. Recientemente, Enrique Cerezo, en su discurso durante la entrega de los Premios Forqué, insinuaba que hay algunas personas en el gobierno que piensan que con la piratería se gana más de lo que se pierde. Seguramente es fruto de unos cálculos absolutamente equivocados. Algo parecido a lo que pasaba en la época de Zapatero: sencillamente temen desarreglar cosas que ahora mismo les favorecen como están. Y no solamente respecto al cine, sino a la Cultura en general”.

Para el Consejero Delegado de A Contracorriente la baja penetración de las empresas legales de VOD en los hogares españoles –aparte de culpar a la piratería–, tiene mucho que ver con la escasa cultura tecnológica de los españoles, principalmente de los cabezas de familia con más de 40 años  “Para mí, quien utiliza la descarga ilegal –nos dice–, es un espectador joven que no tiene capacidad de decisión; sin embargo, el espectador adulto, padre de familia, de más de 40 años, que a lo mejor recurre menos a la piratería, no se atreve a contratar servicios legales de VOD porque tiene una resistencia a la tecnología y no es capaz de superarla. Creo que si estos cabezas de familia venciesen esta resistencia, los usuarios más jóvenes que recurren a ella, elegirían ver películas legalmente, pues las verían mejor en su televisor, y pagar 4 o 5 € por visionado no les supone mucho dinero”.

El problema es que las películas, a quienes las distribuyen, les supone un desembolso enorme, y con la crisis a la que nos enfrentamos, la tienen cruda. Han desaparecido la mayoría de los distribuidores, pero quedan profesionales como Adolfo Blanco que se patean los mercados internacionales para encontrar chollos y, cuando no los hay, pagan mucho dinero por algo que barrunta éxito. Pero en el cine los barruntos se pueden pagar caros. Así que hay que ir con mucho cuidado.

“España es hoy un mercado menor para el propietario de una película –asegura el distribuidor español–. Lo que nos hace más débiles a la hora de acceder con agilidad a los contenidos, pero nos hace a la vez más fuertes a la hora de negociar. El problema es que no somos ya una prioridad para los productores, con lo cual difícilmente podemos ir con una oferta que les entusiasme tanto como para decir sí y cerrar a la primera”.

“Hace una década, en los mercados de películas, a los españoles nos atendían el primer día; ahora, si te dan hora, te la dan para el cuarto o quinto día (y un mercado dura como mucho 7), cuando ya han vendido a los territorios que les interesa. Sin embargo, como saben que en España la situación es delicadísima, a veces se logran buenas oportunidades”.

¿Qué es lo que más valora en el momento de comprar una película? “Yo creo –afirma– que hay dos elementos que todavía son esenciales en la compra de una película. Uno sigue siendo el “casting” o la combinación “casting”-director-productor. El otro, que cada vez pesa más en este mundo global, es el éxito en su país de origen. O su fracaso. Una película que haga una mala taquilla, por ejemplo, en Estados Unidos es muy difícil que funcione en España. No debemos olvidar que el público cada vez está más enterado a través de internet”.



“Por eso, a veces, se está convirtiendo en una estrategia estrenar antes que en su país de origen. Hay películas que cuando su estreno en USA no va a ser muy ambicioso, el distribuidor español pide al productor el permiso para salir antes. De esta manera no arrastra el lastre de un eventual fracaso en su país. La gente espera a las películas que han funcionado. Cuando en España se estrenó “12 años de esclavitud”, al margen de todo el ruido que se producía por sus posibles Oscar, la película ya había sido una sorpresa y un éxito”.

“Hay países, de todas maneras –sigue diciéndonos–, que al espectador español le resultan más cercanos que otros. Por ejemplo, el cine argentino y el francés cuenta actualmente con la predisposición favorable de un segmento de público muy amplia, cuando a lo mejor el cine cubano o el suizo no le atraen sobre el papel a nadie. Luego está el cine italiano, que es muy local y le cuesta arrancar entre nosotros. Pero bueno, depende de muchos factores”.

Es el momento de preguntarle si cree que se van a revertir en este año los malos datos de nuestra industria. Y nos contesta así: “Tanto el cine, como el vídeo físico, el VOD o la televisión, tienen en 2014 un reto enorme para invertir esa tendencia. Creo que es posible, pero antes debemos sentarnos los profesionales (productores, distribuidores y todos los que exhiben películas, dentro o fuera de casa) a reflexionar, a flexibilizar posiciones y, en algunos casos, a reinventarse. Necesitamos también un gobierno que dinamice y haga realmente una política de apoyo a la Cultura, lo que ahora mismo no existe. No es que pidamos dinero, sino un ministro capaz de dirigir su ministerio y trabajar por lo que representa. Lamentablemente llevamos demasiados años sin esa política y sin ese ministro”.

¿Cree que ejemplos como los “Miércoles de Cine” pueden ayudar? “Por supuesto. Porque hacen más asequible el cine a los espectadores en los momentos de crisis económica que estamos atravesando. Por ahí debe ir una política cultural: por recuperar una generación de espectadores que se está perdiendo para el cine y, sobre todo, recuperar nuevos aficionados”.

“A mí lo que más me inquieta es que un chaval de 20 años no sepa quién es Alfred Hitchcock, porque AH, cuando yo tenía 20, era el que conocía todo el mundo; a lo mejor la gente no sabía bien lo que había hecho Edward Dmytryk o Rouben Mamoulian, pero a AH lo conocía todo el mundo. Ahora hay una incultura tan alarmante que afecta a que la gente deje de consumir cine”.

“El cine es un negocio de boca-oreja en todas sus ventanas. Y obviamente, si la gente no va al cine, no habla de lo que no ha visto. Si logramos que la gente vaya, aunque sea muy barato, va a ayudar al resto de los días y de las ventanas. Si conseguimos eso, y logramos que el IVA baje, las cosas mejorarán. Pero debemos empezar por hacer lo que está en nuestra mano, y lo del IVA no lo está, aunque antes o después acabará bajando”.

“Ahora bien –matiza–, lo que no podemos pensar es que todos los días sean día del espectador, pues es inviable económicamente, pero sí hay que buscar ocasiones para revalidar esa fiesta del cine, sin llegar a hacerlo tan frecuentemente que pierda su atractivo. Y la industria tiene voluntad de hacerlo un par de veces al año. Se habla de los mundiales de fútbol como una buena ocasión de repetirlo. Y eso desde el punto de vista del precio (que es muy importante); pero luego hay otra serie de acciones que se están estudiando”.

Y sobre el vídeo físico: ¿hay que respetar ventanas? “Por supuesto, y hay que seguir haciendo buenas ediciones. El vídeo es ya un mercado maduro, cayó lo que tenía que caer y va a estar ahí en ese tamaño que ahora tiene”. ¿También hay que bajar precios?, Volvemos a preguntarle. “No tiene sentido –nos contesta sin pensarlo–. Al contrario, hay que subirlos. Hace unos años se bajaron muy deprisa los precios del DVD, ahora lo que toca es lanzar buenas ediciones, mimar a los videoclubs que queden y al canal, pues, al final, es el que tenemos que lograr seducir con el negocio”.

 

¿Y el negocio del VOD? “Todos sabemos que está ahora abriendo mercado. España es un país donde se requiere un márketing más cercano al espectador para desarrollarlo. Y eso porque yo creo que somos un país poco tecnológico, y entonces el espectador que podría valorar más las propuestas legales del VOD, le tiene miedo, como ya he dicho antes, a la tecnología”. Tampoco las operadoras lo están haciendo bien. Telefónica, por ejemplo, hasta la fecha, no ha defendido el servicio VOD. Yo espero que lo asuma en el futuro con más sentido del negocio”.

“Y el resto de operadores tienen enormes dificultades para vencer la resistencia del público con mayor valor adquisitivo, el que en mayor medida pudiera valorar este servicio. No han sabido llegar a él. A excepción de iTunes. A nosotros el VOD en iTunes nos está creciendo muchísimo mes a mes, y es –concluye– porque Apple tiene ya al espectador en sus manos”.