Norma Jean soñó con ser Marilyn Monroe. Marilyn Monroe soñó siempre con ser otra

Ya desde pequeña, al oír los gritos de locura y rabia de su madre y de su abuela, inventó que su padre era Clark Gable, y después de arrastrarse por orfanatos y ser violada por su padre adoptivo y tener un hijo que no llegaría nunca a conocer, su madre le arregla el matrimonio con el primero que tenía a mano, su vecino, antes de salir corriendo de la casa para ser internada en un manicomio de San Francisco.

Ese primer marido, Jim Dougherty, que estará siempre ausente a las órdenes del ejército, le dará a la Norma Jean de 16 años, el tiempo y la plataforma suficiente para empezar a crear la imagen ansiada de sus años adolescentes, cuando los sueños se forman.



Cuando Jim vuelve de Australia, la nueva Norma ha dejado su trabajo en la fábrica de paracaídas, trabaja en una agencia de modelos y ha buscado a un hijo de un banquero húngaro para que con sus fotografías le ayude a obtener la fama.

Apoyada por su amiga Emmeline, su primera mujer cómplice, deciden con el dinero de las fotografías donde Marilyn posa deliciosamente ingenua y provocativa, pedir el divorcio al asustado e inocente Jim, y dedicarse con obsesión a trabajar en el mundo del cine. Para conseguir notoriedad, y ayudada por su amiga, inventan una supuesta cita con el millonario Howard Hughes. La prensa de cotilleos americana pública la noticia sin ninguna prueba. Consiguen que salga su nombre y eso valida la profesión de Norma: ya era actriz.

Obtiene que un agente, Harry Lipton, le prepare una entrevista con el jefe de “casting” de la Fax, Ben Lyon. Amante de ella, es Ben quien la bautiza con el nombre de Marilyn Monroe y le da la oportunidad de hacer una prueba filmada en la que la electricidad de la nueva chica y sus ganas de comerse el mundo, convencen al productor magnate Zanuck para que la contrate para la Fox por 125 dólares a la semana. Ben le da tres oportunidades en papeles pequeños, mientras Marilyn, en un paseo por la cafetería, se encuentra con el maduro Joe Shenck, quien la convertirá en una estrella y en su amante por un año.

En realidad, la nueva Marilyn tiene cuatro amantes: el jefe de casting Ben, el productor Joe y el periodista, más tarde amigo inseparable, Bob Slatzer

En realidad, la nueva Marilyn tiene cuatro amantes: el jefe de casting Ben, el productor Joe y el periodista, más tarde amigo inseparable, Bob Slatzer, quien fue el único que quiso explorar las verdaderas circunstancias de su muerte trágica; por eso, para muchos el único amigo que tuvo en su vida. Pero falta uno: en el verano de 1947, Marilyn tiene otro romance con el guapo novio formal de la hija de Zanuck, quien descubre el manejo y expulsa a la pareja de su vista.

Sin trabajo y sin dinero, Marilyn encuentra en una cafetería al hijo de Charles Chaplin, Charles Jr., de la misma edad que ella, 22 años, e igualmente atormentado. Va a vivir con Charles en la casa que comparte con su hermano, ahorrándose así la pensión de Burbank. Un día, Charles encuentra a Marilyn en la cama con su hermano y Marilyn decide irse sin contar su estado de gravidez a ninguno de los dos hermanos. Aborta ella sola en una clínica de Los Angeles.

Marilyn, despedida de la Fax, trata de organizarse sola a sus 23 años, trabajando como modelo y como camarera en un cine al aire libre. Un día le pregunta a un policía de Hollywood Boulevard por una dirección. El policía le pide su documentación y decide entrar en su apartamento y violarla. Después del violento episodio, sin poder dormir durante algunos días, decide consumir Seconal, empezando así su adicción a los tranquilizantes. Vuelve a pedir ayuda al influyente y maduro productor de la Fox Joe Shenck, quien a cambio de favores nocturnos le hace contratar por el jefe de la Columbia, el vulgar y manipulador Harry Cohn.

Con un contrato de 150 dólares a la semana, esta vez de la Columbia, Marilyn invierte el dinero en libros, pastillas, dentista y en clases de música. Su profesor de música, el compositor Fred Karger, vive un romance con Marilyn y tiene de nuevo un aborto. Él se separa de su mujer, pero aunque quiere casarse con él, Fred decide hacerlo con Jane Whyman, mujer más cabal y menos problemática, divorciada a su vez de Ronald Reagan.

La Columbia le impone una profesora de drama, una ex actriz llamada Nastasha Lytess, que se enamora de Marilyn posesivamente. Es cuando ésta pronuncia la famosa frase: “No hay sexo equivocado si en él hay amor”. O aquella otra: “No me quieras Nastasha, enséñame.”

Encontraremos en su vida otras tres mujeres con quien Marilyn se confesará y serán muy influyentes en su vida personal y profesional: Paula Strasberg, su nueva profesora de interpretación, quien asistirá años más tarde a todos sus rodajes y heredará su fortuna; Lena Pepitone y Pat Newcomb, su última agente de prensa y secretaria, a la muerte de Marilyn, de los Kennedy.

Marilyn ve que no le dan los importantes papeles que el estudio de la Columbia fabrica en el año 1948, y se niega a vivir otro fin de semana íntimo con el jefe Harry Cohn, quien la despide de la Columbia en septiembre del mismo año. Prueba entonces suerte enamorándose de un periodista famoso, James Bacon, con quien comparte su lengua mordaz y su ingenio.

Pero es su agente quien le dará la oportunidad que cambiará su carrera: un pequeño papel en la película de los Hermanos Marx (“Amor en conserva”, de David Miller, 1950), donde dice a Groucho la famosa frase: “Los hombres me persiguen todo el tiempo”, a lo que Groucho responde: “Usted llegará lejos, señorita...”. Su enamorado agente pelea y obtiene que coloquen su nombre antes del título de la película. A partir de entonces, la bautizaron como la “mmmm girl” y la actriz “curvilínea”. Aprovechando el éxito de su aparición, posa desnuda para el calendario “Gol den Dreams”, y se elige su fotografía como portada del primer número de “Playboy”.

Después del escándalo que representó para la sociedad americana esta imagen, que dio la vuelta al mundo, Marilyn conoce al agente Johnny Hide, que decide representarla en la William Morris. Johnny dejará a su mujer por ella y en menos de un año, el influyente y diplomático agente, consigue que el magnate de la Fox olvide el incidente de Marilyn con el novio de su hija y le convence para que, de nuevo, contrate a Marilyn, firmando seis películas en un año, entre ellas “Eva al desnudo” (Joseph L. Mankiewicz, 1950).

Rueda también en ese año “La jungla de asfalto” con el director John Huston, robando todas las secuencias... “Siempre me habían dicho –señala el actor que rueda con ella (Sterling Hayden)–, que los animales y los niños roban la mirada de la gente, habrá que añadir a partir de ahora “unas maravillosas tetas ...”.

Su desparpajo en las ruedas de prensa y su ironía rápida y sensual en las respuestas, provocaron tinta que beneficiaba al estudio y a su fama. Es entonces cuando Marilyn entabla relaciones con Arthur Miller y con Elia Kazan. Ninguno de los dos sabe de su relación amorosa con su agente, que finalmente muere solo, a pesar de requerir reiteradamente la presencia de Marilyn en sus momentos finales, después de haber abandonado a su mujer y a sus hijos.

A partir de entonces, y durante los dieciséis años que dura su carrera de 30 películas, la vida de Marilyn estará poblada de dramas, sorpresas, secretos, matrimonios convenientes, “agujeros negros”, alcohol en bares de mala muerte, secretarias, agentes de prensa, fotografías, hospitales, ensayos y rodajes... Canta frente a soldados que la piropean y la admiran, hace caso de gurús dominadores que dicen enseñarla a actuar, y desarrolla una actividad frenética entre Los Angeles y Nueva York.

Inmersa en una sociedad cambiante, encontró una expresión perfecta en su sueño de ser actriz. ¿Qué mejor que ser siempre otra cuando se odia una a sí misma? ¿Qué mejor que usar las armas de la seducción para sentirse querida? ¿Qué talento mejor que el de ella para comprender la sociedad americana aburrida de los 50 del pasado siglo y romper todas las reglas de moralidad y dar el sentido del juego del sexo a generaciones enteras?

Lo que podía haber sido un juego trepidantemente divertido, dejó de serlo cuando no supo o no pudo respetar las reglas del juego. Quizás perdió definitivamente las ganas de vivir al perder su propia honestidad, vendiéndola por la de su propia imagen prefabricada y a medias mutilada ... Quizás al perseguir un sueño vacío y obtenerlo, quizás porque nunca supo que estaba enferma, su vida es ejemplo de la inestabilidad emocional con la que deben lidiar los actores y actrices que empiezan ...

Luis Gasca, en su libro sobre Marilyn “La diosa del sexo”, afirma que su rodaje más tranquilo fue quizás “Niágara” [Henry Hathaway, 1963), donde logró el equilibrio sentimental ansiado, manejando a sus amantes Joe DiMaggio [fuerza bruta) y Arthur Miller (la inteligencia), y a su novio eterno, el compañero en sus años difíciles y mayor confidente en sus horas bajas, Bob Slatzer, el gordito discreto con el que se casó después de la película. Pero por mandato del productor, Darryl Zanuck, el matrimonio se anuló inmediatamente por no ser lo suficientemente publicitario.

Probablemente, desde ese momento, Marilyn se vio forzada a buscar su hombre ideal, uno que fuera su padre, que le aceptara en un amor incondicional, una especie de mentor, pero que no le aburriera tanto para que fuera siempre su amante, y con suficiente envergadura específica para ser aceptado como un igual en el mundo del espectáculo, capaz de aceptar el rol de ser el marido de la diosa del sexo ... Ese superhombre, mezcla de amante, amigo, mentor y marido, que supongo es el que vamos buscando todas las mujeres, no lo encontró nunca O no supo reconocerlo.

Cada nuevo marido o amante representaba para ella, al mismo tiempo, Dios y el diablo, el ángel y el verdugo. Marilyn buscaba calmar su sed, su rabia, su ansia en otros, reinventándose de nuevo a cada nuevo matrimonio como esposa fallida, como amiga inseparable, como amante de gángster, como muñeca de intelectual, incapaces todos de satisfacerla como mujer, de equilibrarla. “Nunca aprendí a ser mejor”, diría.

A la Reina del Sexo le tocó estar sola. Se veía a sí misma como un agujero negro, sin fondo, viviendo en continuo vértigo emocional, buscando lo que nunca encontró: la paz consigo misma. Jugó a vender su belleza por dinero, por fama, por un papel, por una caricia, por el recuerdo de un sueño infantil.

Su empecinamiento en robar a hombres casados, fue un modelo recurrente en su vida. Quizás quería aprender de sus esposas, aunque siempre se sintió más en control en el papel de amante, como insinuaría ella misma en la lista de hombres sugerentes que publicó en la prensa junto con Shelley Winters, cómplice con ella del poder de la seducción.

Mujeres y actrices como Simone Signoret tuvieron horror al ver a sus maridos adentrarse en el pozo peligroso y sin fondo de su manipulación seductora. Sólo las mujeres inteligentes, como Simone, con amor incondicional a Yves Montand, consiguieron deshacer el entuerto, habiendo aprendido de Marilyn la necesidad de una seducción constante como arma infalible para mantener el deseo, el motor de la vida.

Como niños, muchos hombres invirtieron su tiempo y energía en calmar el ansia insaciable de Marilyn Monroe, viviendo en una agitación y drama constante. Algunos maridos y amantes, al verla rota, intentaron salvarla, culminando el deseo en convertirse en sus mentores únicos, en redentores paternales y en pigmaliones.

Los que se casaron con ella no pudieron sacarla de su agujero negro, destruyendo su relación con ella y, de paso, a sí mismos, convirtiéndose en aficionados doctores de una enfermedad que no podía diagnosticarse entonces, llamada “Borderline Personality Disorder” (en español “Trastorno de personalidad fronteriza”). Esta enfermedad la tienen hoy en día un 5% de las mujeres y un 2% de los hombres, y se trata y se cura generalmente con el conocido y usado Prozac. Marilyn, como muchos afirman, tenía todos los síntomas.

Su sueño en ser famosa y su imagen pública deteriorada, no ayudaban tampoco a saber cómo se encuentra la belleza de una relación estable, equilibrada, de las que permite evolucionar, madurar y contemplar con generosidad la belleza de los errores de una vida.

Soñó en ser Marilyn Monroe para que todos recordáramos mejor su nombre. Intentó sin embargo borrarlo en sus salidas nocturnas, en bares y en moteles inmundos, cuando se dejaba arrastrar por sus “pozos negros”. Intentó borrarse del planeta a sí misma varias veces, llegando y saliendo de hospitales que no se acordaban de su nombre al día siguiente.

Lo cierto es que con dos o tres abortos, fallida en su imaginación y en la de la prensa como madre, como esposa, como persona, y presa de una enfermedad por entonces desconocida, le quedaba ser sólo la parodia de sí misma: una sonrisa congelada en imágenes, incluso en sellos que circulan todavía hoy por todo el mundo ...

Su fuerza era fuego irracional, que quemaba a su paso películas, hombres, mujeres, actores, maridos... Así, como sin deseo, uno no puede ser feliz; el equilibrio emocional es, finalmente, lo que a uno le permite crecer, construir.

Su conducta fue absolutamente autodestructiva, en su trabajo y en su vida. Hollywood no le ayudó tampoco. De sus problemas de dieta, su abuso de alcohol y estupefacientes, de sus retrasos en el rodaje, de sus cambios de carácter, de su falta de profesionalidad, se escribieron páginas y más páginas en la prensa, y espías en los estudios elaboraron informes y más informes.

La fama de “chica fácil y con problemas” de Marilyn la incrementaban sus propios amigos con sus comentarios de boca en boca; también entre la mafia de la época. Los que la conocían un poco mejor, veían a una Marilyn débil, caótica, ingenua y, a la vez, acaparadora, manipuladora, insumisa, de comportamiento hostil. De ella dijeron que era una rubia tonta y estúpida que tenía belleza sin cabeza y “El trasero más bonito del show business”... De ella se han dicho y dirán muchas cosas vulgares...

A las actrices se las prefiere tontas, adolescentes y objetos de deseo. Ella jugó a serlo. Con ironía, con amargura. En sus frases llenas de ingenio a la prensa, parodiaba su propia imagen, ocultando ese profundo odio a ser sí misma...

Como actriz llegó a la máxima popularidad que toda profesional podía aspirar a finales de los 50, principios de los sesenta del siglo pasado. No le gustó su profesión, ni los actores, ni los productores, que la engañaban con promesas. Solo habló bien de muy pocos compañeros, de muy pocos directores... Le dieron un solo premio: el de actriz favorita en 1961...

Hasta que la rabia, el alcohol y las pastillas empezaron a sustituir las sorpresas y “maravillas de la vida”. En un estado amorfo, sin colores, sin días y sin noches, empezó a soñar en su último sueño: poder dormir y no despertarse nunca...

Marilyn dio a la “gente” todo su tiempo, sus ingeniosos comentarios, y su ansia por ser mejor en su trabajo, que le llevaron a rodar 30 películas, dos apariciones en la TV y numerosas sesiones fotográficas: “Sabía –dijo en una ocasión– que pertenecía al público y al mundo, no porque tuviera talento o porque fuese hermosa, sino porque nunca pertenecí a nadie más”.

Su reputación difícil, su vida escandalosa, hizo que a principios de los 60 tuviera que medir sus palabras y su comportamiento si quería volver a trabajar en Hollywood. Desde 1951 y hasta el momento de su muerte, el 6 de agosto de 1962, Marilyn buscó protección en dos hombres políticos, abogados de renombre, de conocidas y respetadas familias: los hermanos Kennedy. Aunque se queja de su rol en sus fiestas: “Me llevan a fiestas de los Kennedy como si fuera un adorno”. Y canta en una convención pública el famoso “Happy Birthday dear President...“.

Hoy, Marilyn Monroe tendría casi 90 años. Para mí es una pena que con su lenguaje descarado, protegiéndose en la ironía, que resulta cada vez más descarnada a través de los años de su vida, no esté ahora con nosotros para escribir su propia biografía, para admirar también sus arrugas, para aprender de sus fracasos, para compartir sus secretos de vida, para dar ejemplo con su vida de una mejor mujer, esposa y, sin lugar a dudas, de una mejor actriz gracias a su trabajo.

Que nuestra vida trascienda y quede al menos en la memoria de nuestros hijos, después de la muerte, es, en definitiva, algo que todos buscamos, y eso lo logró Marilyn no con la construcción de una familia, sino como estampa en la memoria retentiva de hombres y mujeres de casi todo el planeta, que nos bombardean con su imagen y hacen que nos acordemos de ella a diario.

Marilyn nos recuerda una belleza estandarizada, comercializada, el exceso, lo peligroso de la superficialidad, de la pérdida de amor por uno mismo. Su solo nombre nos evoca con tristeza el cóctel explosivo de depresión, cólera, ansiedad y desesperación, complicado por la humillación, el terror a la soledad...

Marilyn nos recuerda también los fans solitarios, los fetiches inconfesados, un reflejo de la desesperación y la soledad de quienes han hecho de ella una Diosa, una víctima sobre la que es fácil proyectar las propias carencias e ilusiones, una imagen de la que todos se creen con derecho a opinar y criticar.

Norma escogió el camino de “la fama dolorosa”, la que pasa recibo porque no correspondía a su verdadera imagen. Es producto de una fabricación demasiado rápida, inventada por uno o por otros en un momento puntual. Esa fama tiende al consumo rápido, a la explotación dura sin cuidado del producto/persona. Esa fama genera en los admiradores una necesidad de posesión. Como persona te sientes empaquetado en una caja vacía, con un lazo que los otros consideran bonito, pero que te ahoga sin saberlo.

La fama inofensiva, la que da placer, no se puede buscar, ni fabricar, te alcanza con el tiempo. No se controla, llega natural, como un regalo a tu constancia y a tu consecuencia en las decisiones diarias. Muy pocas personas se atreven a destrozar una reputación hecha a base de honradez. Si se regala lo que uno es, aunque haya un cambio de opinión, producto de la natural evolución como persona, a cada momento será una comunicación de dónde y cómo uno se posiciona en relación a uno mismo y a los demás. Sólo se puede vender lo que uno tiene, no lo que se es.

En mi experiencia, el actor no pierde la imagen cosechada, se pierde solo aquella vendida. La fama para un actor es elemento indispensable para su evolución como persona y su continuidad en el trabajo. Pero el actor necesita el trabajo, no la fama. La fama es solo consecuencia del trabajo. El actor tendrá siempre presente el espejo que su trabajo genera, y tendrá una posición privilegiada para observar con su carrera ese fenómeno.

Si el impacto como actor se produce desde un mundo frívolo, va a ser muy difícil reconvertir tu imagen en la de un actor de prestigio, porque siempre la superficialidad atraerá más tinta que las ganas de comunicar con honradez. Donde primero te posicionen, marcará tu carrera y puede determinar hasta cierto punto tus propias elecciones, pero creo que siempre hay tiempo y espacio para aprender y elegir con honradez con uno mismo.

En su momento, Marilyn fue transgresora de verdades a medias, recordándonos que el juego es necesario en la vida dejándonos la seducción sana de la sonrisa ingenua. Se ha convertido en un ejemplo para actrices, mujeres y hombres que quizás puedan saber elegir mejor en la aventura de la vida propia, si toman por referencia la de Marilyn Monroe.

Se sabe poco sobre la última aventura de su muerte. Hechos contradictorios, informes desaparecidos de la policía y del FBI, que la perseguían desde 1951. Nada sobre los silencios y la destrucción de las cintas por su psiquiatra, nada de las escuchas con micrófonos instalados ilegalmente en los teléfonos de su casa de Los Angeles, ni de sus conexiones con la mafia a través de Joe DiMaggio y de su amigo Frank Sinatra, en guerra con otros amigos de Marilyn: el Presidente y el Fiscal General de los Estados Unidos de América, John y Bob  Kennedy respectivamente... Quizás Marilyn soñó demasiado alto cuando creía que sería la primera dama de los Estados Unidos. Quizás ese fue uno de los sueños que no le dejaron realizar.

Se han tergiversado, escondido, modificado detalles, hechos, datos, fechas y nombres de su vida que han contribuido a crear un mito intocable que hoy todos conocemos. En el año 2005, 44 años después de su muerte (recordemos que la articulista escribe este trabajo en estas fechas), Marilyn Monroe contaba con 6 millones de visitas en internet, fecha en que tendría 79 años: visitas que comercializan y utilizan su boca, sus ojos, su pecho y su sonrisa de juventud, para digitalizarlas y vender tejanos, coches, bolsos, papel para empapelar...

En 1999, se vendieron en una subasta de la prestigiosa sala Christie’s, su piano, sus pendientes, sus estolas y un jersey con el que se hizo fotografías en la playa, por 167.500 dólares... Y un papel arrugado, con una simple nota que decía “Él no me quiere”, por 12.650 dólares... Coleccionistas en todo el mundo, también en España, siguen comprando trozos de su vida y los convierten en fetiches de deseo.

Actualmente, hay una necesidad para convertir a los actores en normales, porque los actores queremos ser aceptados como personas. Como los héroes de nuestras películas, tendemos a descubrir en algún momento de nuestra vida por qué seguimos luchando por este sueño...

Marilyn nunca lo descubrió. Siempre soñó en ser alguien más. No fue la madre feliz, la mujer satisfecha, la esposa enamorada. Tampoco fue la mejor actriz del mundo. Pero es que Marilyn nunca quiso ser una persona normal, porque nunca se aceptó a sí misma, y eso le llevó a su propia muerte, consiguiendo lo que nunca soñó conseguir: que el misterio de su vida y de su muerte tuviera un sentido para todos y para siempre: se volvió MITO.

(Este trabajo fue publicado en la revista AGR Coleccionistas de Cine número 28, impresa en diciembre de 2005, y perteneciente a la editorial El Gran Caid. Su autora es la actriz española Assumpta Serna, protagonista de inolvidables películas como “Dulces horas” (Carlos Saura, 1982), “Matador” (Pedro Almodóvar, 1986) y “El maestro de esgrima” (Pedro Olea, 1992). Es fundadora y profesora del prestigioso Centro Profesional de la Fundación First Team)

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el cantor de jazz 1927Piezas de colección notables (todas originales), además de documentos históricos de primer orden. De momento, programas de mano, carteles (póster o afiches) y fotografías. Los primeros representan al coleccionismo más extendido debido a su pequeño tamaño y al número de coleccionistas que hay. El póster personifica un cuadro que puede colgarse y de hecho se cuelga en muchos hogares e instituciones públicas y privadas.

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