Actores pequeñines

Según el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, enano es “Diminuto en su especie; persona que padece enanismo; persona de estatura muy baja”. El cine ha utilizado con frecuencia a actores enanos, aunque son los siete enanitos de Blancanieves los que más recuerda el público. Pero estos son de ficción, para los que el citado diccionario tiene otro párrafo: “Personaje fantástico, de figura humana y muy baja estatura que aparece en cuentos infantiles o leyendas de tradición popular”.

No vamos hablar en este trabajo de este producto de la imaginación literaria, sino de aquellos actores “de estatura baja”, de carne y hueso, concernientes a la etapa sonora del cine. El cine hablado arranca con dos películas donde los enanos son los principales protagonistas: La parada de los monstruos (Freaks, Tod Browning, 1932) y Cero en conducta (Zéro de conduite: jeunes diables au collège, Jean Vigo, 1933). Es en la del norteamericano Browning en la que podemos colocar la definición de “diminuto en su especie”, ya que los actores que interpretan a los “terroríficos” personajes salidos de la MGM -tras pasarle las tijeras Irving Thalberg, que quitó casi media hora de su metraje original para reducirla a los 65 minutos con que hoy se exhibe, queriendo así quebrar el tiempo de horror, si bien lo que hizo fue acrecentarlo- son enanos de verdad, mientras que en la del cineasta francés Jean Vigo, el enano es “una persona de estatura muy bajita”, algo más bajita incluso que Danny DeVito (que no vamos a tratarlo al menos de momento como tal).

Estos primeros enanos de la Historia del Cine fueron bosquejados en el apartado de los “malos”, ya que en La parada de los monstruos construyen su orgía criminal y turbadora acompañados de otros seres deformes, del tipo de aquellos “monstruos” que se podían ver en muchos circos de principios del siglo XX, para regocijo y espanto del entretenimiento humano; mientras que en la película de Vigo, el enano es el director del colegio, un tirano diminuto interpretado por Delphin, nombre con el que aparecerá en otras cinco películas, entre ellas La Kermesse heroica (La Kermesse héroïque, Jacques Feyder, 1935). En La parada de los monstruos, dos de los actores principales son dos hermanos: Harry Earles y Daisy Earles, el enamorado enano de la trapecista, y la amiga que trata de romper esos lazos al sospechar que sólo lo quiere por su dinero. Ambos habían trabajado ya en películas del cine mudo, aunque será la de Browning la que les coloque en la pizarra de los “inmortales”. Todavía harán dos trabajos más: en El mago de Oz (The Wizard of Oz, de Victor Fleming, 1939), interpretando el papel de dos de sus muchos “The Singer Midgets” (liliputienses) y en El poderoso Barnum (The Mighty Barnum, Walter Lang, 1934), una biografía del principal circo del mundo y de la historia, en donde llegaron a ser dos de sus principales estrellas. El éxito de la película del norteamericano, permitió alguna que otra incursión en el cine al resto de los intérpretes enanos, principalmente a Angelo Rossitto (que trabaja a lo largo de las siguientes décadas y hace uno de sus últimos papeles en Mad Max 3: más allá de la cúpula del trueno (Mad Max Beyond Thunderdome), filmada por George Miller y George Ogilvie en 1985. En la citada El mago de Oz, entre otros muchos enanos, aparece “Totó” -también conocido con el nombre de “Terry”- que venía de interpretar pequeños papeles en títulos como El ángel de las tinieblas (The

Dark Angel, Sidney Franklin, 1935) y que después de la de Fleming apareció en Mujercitas (The Women, George Cukor, 1939).
Jesús Fernández es una de las grandes estrellas de este tipo de seres humanos. Lo lanzó el cineasta español Luis Buñuel, dándole el papel de Ujo, el enano de Nazarín (1959) que acompaña a Beatriz (Marga López) y Andara (Rita Macedo) por los caminos polvorientos donde viaja el sacerdote galdosiano (Francisco Rabal) que ha perdido la fe. Se trata de un humilde zapatero mexicano que ya no necesitó remendar más zapatos, pues tras Nazarín vendrían muchas más películas -muchas de ellas en España-, entre ellas, Simón del desierto (Buñuel, 1965), Tristana (Buñuel, 1970), Extramuros (Miguel Picazo, 1985) o Lulú de noche (Emilio Martínez Lázaro, 1986). El maestro de Calanda, utiliza a otro enano en su última película, Ese oscuro objeto del deseo (Cet obscur objet du désir, 1977), concretamente a Pierre Peral, que había comenzado su carrera en Les visiteurs du soir (1942) e interviene en más de veinte películas, entre ellas La Princesa de Cleves (La Princesse de Clèves, Jean Delannoy, 1961) y en la de Buñuel (cuando cuenta ya 54 años). Otro enano que tuvo una larga carrera, y con papeles de estrella, fue el mexicano José René Ruiz “Tun Tun” que filma casi cuarenta películas con los mejores directores mexicanos, entre ellos Chano Urueta, que le da un papel importante en su excelente trabajo del género de horror, La bruja (1954, al lado de una insuperable, Lilia del Valle). El cine rodado en los estudios Churubusco estaba frecuentado por un elenco de enanos que eran utilizados para papeles de diversa índole (principalmente en películas de terror o de misterio, aunque también infantiles). El más conocido de todos ellos es Rafael Muñoz “Enano Santanón” que encarna a dos personajes muy conocidos de los cuentos infantiles: al Zorrillo de Caperucita Roja, y al Gato con Botas (de iguales títulos también en cine) en sendos trabajos de Roberto Rodríguez, filmados en 1960 y 1961 respectivamente.

Todos los episodios de La guerra de las galaxias tienen un enano al que no se le ve la cara ni el cuerpo y tampoco habla en sonidos humanos, pero sí en bips. Filmados todos ellos entre 1977 y 2005 por George Lucas (1977, 1999, 2002, 2005), Irvin Kershner (1980) y Richard Marquand (1983), el enano en cuestión es Kenny Baker, que se introduce en la piel -aunque mejor sería decir en la chapa de R2D2- para así convertirse en compañero inseparable de Luke Skywalker. Kenny Baker es un enano muy utilizado por el cine en las tres últimas décadas. Además de la citada saga, otros tres trabajos suyos (y en donde “da la cara y el pecho”) son: Los héroes del tiempo (Time Bandits, Terry Gilliam, 1981), Dentro del laberinto (Labyrinth, Jim Henson, 1986) y Willow (Ron Howard, 1988), aunque aquí el enano principal lo representa Warwick Davis, que encarna al propio Willow, también intérprete del episodio VI de La guerra de las galaxias (1983), en el papel de Wicket, de varios episodios de Harry Potter como profesor Filius Flitwick y, recientemente, de Las crónicas de Narnia: el Príncipe Caspian (Andrew Adamson, 2008) en el papel de Nikabrik. También aquí aparece el actor enano Peter Dinklage que hará una actuación inolvidable en Un funeral de muerte (Franz Oz, 2007) como el amante del difunto padre de familia que ha logrado esconder durante toda su vida sus inclinaciones homosexuales.

En este somero y rápido repaso a los enanos famosos de los últimos años de origen anglosajón, habría que mencionar a David Rappaport, el Rinaldo de La prometida (The Bride, Franc Roddam, 1985), amigo de Viktor, el monstruo creado por el doctor Frankenstein (esta vez, interpretado por Sting). Así como a Verne Troyer, que aunque ha viajado por algún Harry Potter, Men in Black (Barry Sonnenfeld, 1997) y una treintena de títulos más, está en la mente del público por su representación de “Mini-Yo” en dos de las entregas de Austin Powers: la espía que me achuchó (The Spy Who Shagged Me, Jay Roach, 1999) y Austin Powers en miembro de oro (Goldmember, Jay Roach, 2002). Y finalmente Ian Michael Smith, el diminuto intérprete de El inolvidable Simon Birch (Simon Birch, Mark Steven Johnson, 1998), su primera y única película hasta la fecha.

Muchos grandes cineastas se han servido de enanos (de uno o varios, incluso en “troupes” de circo) para algunas de sus grandes películas. Repasemos los más conocidos. Ingmar Bergman dirige dos títulos con enanos: Noche de circo (Gycklarnas afton, 1953) y El silencio (Tystnaden, 1963). Aquí aparecen en varias escenas el grupo de enanos que actuaban habitualmente con el famoso payaso español Eduardini. Federico Fellini los saca en su homenaje particular a los artistas de varieté, encarnándolos en el espectáculo televisivo que va a homenajear a una pareja de bailarines italiana (interpretados por Marcello Mastroianni y Giulietta Masina), famosa en el pasado por ser los imitadores de los legendarios Fred Astaire y Ginger Rogers (Ginger y Fred, 1986). Igualmente fascinante la interpretación de los enanos en la producción de “dimensión épica”, como la denomina el autor de la historia, Günter Grass, conocida con el título de El tambor de hojalata (Die Blechtrommel, Volker Schlöndorff, 1979). El enano (David Bennent) es su protagonista principal que encarna el papel de un niño que se niega a crecer en la Alemania hitleriana y en donde se analiza el fascismo como un fenómeno mental de la sociedad. Inolvidable la escena en la que “el niño” se une a un grupo de enanos circenses alrededor de la música de Maurice Jarré. Más recientemente, en Poltergeist 2: el otro lado (Poltergeist II: The Other Side, Brian Gibson, 1986) aparece como la vidente Tangina Barrons, la actriz enana Zelda Rubinstein. La aventura de los Ewoks (The Ewok Adventure, 1984, Tom Korty), una TV Movie estrenada en salas cinematográficas, está llena de actores enanos, entre ellos el ya citado Warwick Davis, además de Daniel Frishman, Tony Cox, Bobby Bell y Margarita Fernández.

Como “Una sátira contra la marginación” define el cineasta español Alfonso Ungría su Gulliver (1977). La publicidad del estreno mencionaba a los actores Fernando Fernán Gómez, Yolanda Farr y a “30 grandes enanos”. Quizá sea la película con más enanos de la historia del cine, junto con También los enanos empezaron pequeños (Werner Herzog, 1970) y The Terror of Tiny Town (Sam Newfield, 1938), dos películas interpretadas exclusivamente por enanos. Los “seres diminutos” -como los define el diccionario- del título español no son otros que la “Troupe del Chino Torero”, un grupo cómico-musical que actuaba en los espectáculos taurinos denominados charlotadas (de las que hablamos en este mismo número) y que aparecen en otras películas de los años sesenta y setenta. El cine español ha utilizado enanos en otros de sus títulos. Recordemos, entre otros, los bufones de la corte de Bagdad en la película Muchachas de Bagdad (Edgar G. Ulmer y Jerónimo Mihura, 1952), el de El lazarillo de Tormes en la película homónima que César Fernández Ardavín rueda en 1959, y Zampo y yo (Luis Lucia, 1966). Los más recientes son Javier Aller y Emilio Gavira que aparecen en El milagro de P. Tinto (Javier Fesser, 1998) como dos traviesos marcianitos (Gavira es el Rompetechos de Mortadelo y Filemón. Misión: Salvar la Tierra, dirigida en 2008 por Miguel Bardem). Hay muchos otros títulos de esta temática o con enanos en alguna de sus escenas. Aunque ya la hemos citado, queremos acabar con la película en la que, como en Gulliver, estos seres son analizados desde el punto de vista humano: También los enanos empezaron pequeños. Y qué mejor que concluir con las palabras que su director, Werner Herzog, pronunció para sintetizar su obra: “Un film sobre gente anormal, ha dicho alguien. No es verdad. No hay gente deforme en mis películas. Los enanos, por ejemplo, están bien proporcionados. Lo que está deforme es lo normal: los bienes de consumo, las revistas, una silla, un picaporte…; y el comportamiento religioso, los modales de mesa, el sistema educativo… Esas son las monstruosidades, no los enanos. Enormes hasta lo insoportable: de ahí la rebelión para restaurar las formas, para conjurar la pesadilla. Kaspar Hauser, los enanos, ¿qué son en el fondo? Una síntesis de lo humano, de una humanidad que se rebela, o trata de rebelarse, contra la sociedad que es la verdaderamente anormal y que no le da espacio, aire”.

 

Por Sebastián Alcobendas
Escritor

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el cantor de jazz 1927Piezas de colección notables (todas originales), además de documentos históricos de primer orden. De momento, programas de mano, carteles (póster o afiches) y fotografías. Los primeros representan al coleccionismo más extendido debido a su pequeño tamaño y al número de coleccionistas que hay. El póster personifica un cuadro que puede colgarse y de hecho se cuelga en muchos hogares e instituciones públicas y privadas.

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